El caca-bus

Bristol se ha ganado el título de Capital Verde Europea del 2015. Por sus calles desde hace un año se pasea el autobús más escatológico que se haya visto nunca, sus laterales están pintados como si en vez de asientos en el interior hubiera “tronos”, es decir un cuarto de baño colectivo. Cada cual hace lo suyo de la manera que acostumbra: leyendo, jugando… Pero a nadie ofende este autobús porque el fondo de la broma es muy pero que muy serio. Es un autobús impulsado por gas biometano procedente de los excrementos de los habitantes de Bristol. El gas se produce en una planta de tratamiento de aguas residuales local. Para llenar el tanque del bus hace falta la “colaboración” de cinto humanos. Ni que decir tiene que nuestros excrementos son mucho más limpios que el petróleo. El Bio-Bus emite entre un 20% y 30% menos de CO2, el 80% menos de dióxido de nitrógeno y prácticamente ninguna partícula en suspensión. La pionera en estas lides fue la ciudad de Oslo, por donde circulan más de un cien «caca buses». Su autonomía es de 300 kilómetros.

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