Llega el turismo del lobo

Ecologistas y empresarios del sector turístico unen sus fuerzas para promover actividades que permitan la conservación del lobo. Se trata de la ONG Ecologistas en Acción y de la empresa ‘Llobu’, que, en la Sierra de la Culebra en Zamora, lleva a cabo el llamado ‘turismo lobero’, basado en la observación de estos ejemplares, junto con otras especies como el oso pardo.

Para Ecologistas en Acción este tipo de turismo sería «respetuoso con la naturaleza» porque se difunden «los valores naturales de la fauna salvaje al tiempo que se contribuye a dinamizar economías locales generalmente deprimidas en estrecha colaboración con comercios y guías autóctonos». Así lo difunde en un comunicado.

Por su parte, el director de ‘Llobu’, Javier Talegón, uno de los empresarios pioneros del sector, asegura que se trata de «un turismo responsable en zonas naturales que conserva el medio ambiente y mejora la vida de la población local» y considera que el negocio «bien planteado puede ser bueno para la conservación».

España importa esta idea de Canadá donde ya en la década de los sesenta del siglo pasado se organizaban campings para escuchar el sonido de los lobos. Talegón reivindica la Sierra de la Culebra como lugar clave para practicar este «turismo creciente que está haciendo sombra a la caza» y que «puede generar muchísima riqueza», gracias al «relieve que favorece la despoblación humana, la vegetación y el paisaje» de la zona.

La Reserva lobera se extiende por más de 700 km2 y posee algo menos de 8.200 habitantes repartidos en 41 localidades. Otra de las ventajas es la nula conflictividad. «Aquí todo el mundo sabe a lo que viene la gente», subraya Talegón.

El lobo vale más vivo que muerto

Según Ecologistas en Acción en el año 2012 se recaudaron unos 36.000 euros provenientes de los trofeos de caza del lobo, mientras que las pernoctaciones y las comidas en los establecimientos relacionados con el turismo del lobo produjeron hasta 600.000 euros. «El lobo vivo vale mucho más que el muerto», aseguran desde esta ONG.

Para que todos los implicados, incluido el lobo estén felices con la idea hay que ser muy cuidadosos con el medio ambiente, no dejar basura o no alterar al animal y su hábitat.

«La generación de Félix Rodríguez de la Fuente»

Sobre el perfil del turista, el empresario ha informado que la mayoría son extranjeros y que hay poca visita de familias. «Hace falta que los niños conozcan a los lobos ya que no veo a jóvenes que tengan inquietudes en el campo», asegura Talegón quien señala que la media del visitante es de 40 años, «la generación de Félix Rodríguez de la Fuente».

La visita: la espera del lobo

Los turistas realizan largas esperas desde un punto estratégico para observar al animal a pocos metros de distancia. La nocturnidad es una estrategia para pasar desapercibidos, por eso el amanecer es el mejor momento para realizar esta actividad. El silencio y los prismáticos también son elementos a tener en cuenta para poder visionarlos.

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