Los perros se parecen a sus dueños, ¿o es al revés?

Las personas que conviven con perros suelen relatar que sus compañeros de cuatro patas se parecen a ellos en su comportamiento y carácter: dormilones, sedentarios, activos, tímidos o tragones. Pero, ¿qué hay de realidad en esta percepción?

Pero esta decisión inicial no es la única causa por la que personas y canes se parecen, sino que también influye la capacidad de imitación de la mascota. La adaptación al entorno es clave para la supervivencia de un animal y los que dependen de los individuos para cubrir sus necesidades y viven en grupo, explotan a fondo sus habilidades imitativas y sociales para sentir empatía y agradar a sus dueños.

Investigadores de la Universidad Eötvös Loránd corroboran la capacidad de los perros para imitar a sus dueños. Es el caso de Claudia Fugazza y Adám Miklósi, quienes indagaron en la habilidad de los canes para emular a personas, y descubrieron que pueden recordar y repetir las acciones de estos individuos, como dar vueltas sobre sí mismos, incluso transcurridos unos minutos.

La capacidad de los animales de imitar a las personas depende en gran medida de que su faceta social esté más desarrollada. Por ello, además de los perros, hay otras especies que no son domésticas y que ni siquiera son terrestres, sino acuáticas, pero que poseen la habilidad de emular movimientos y actitudes humanas.

Luego, están ellos, los singulares y autónomos gatos, que pese a compartir techo con humanos no precisan del grupo para sobrevivir en libertad. Esta independencia también atañe a su carácter.

Como dice el refranero español, «dos que duermen en el mismo colchón, se vuelven de la misma condición» y que «todo se pega, menos la hermosura«.

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